La ciudad que el diablo se llevó.

El mexicano David Toscana es el autor de esta novela en la Varsovia de la Segunda Guerra Mundial. Ocupada por los nazis, la capital polaca es un gran reto para los residentes porque hacen muchos esfuerzos para sobrevivir en medio de un ambiente desolador. 

Ludwig es enterrador en un panteón y conoce todo lo relacionado con los muertos. Eugeniusz es un sacerdote muy formal en la iglesia, pero busca amistades mundanas que lo saquen de tanta seriedad. Feliks tiene una tienda de rapiña donde comercia con los objetos que le venden soldados alemanes y rusos. Kasimiersz busca empleo como conserje en una escuela.

A estos 4 polacos los une la alegría de haberse salvado de ser asesinados por los nazis el día en que estos realizaron una represalia contra los varsovianos.

Feliks, quien vive en la Varsovia liberada, tiene una radio con la que intenta comunicarse en clave morse con personas que viven en otros países. Un día es detenido por la policía y llevado a un centro de retenciones.

Ludwig se ha hecho experto en análisis sobre la vida y la muerte, sabe cómo se llaman las personas enterradas en cada tumba y tiene anécdotas de las mismas. Es paciente para responder todo lo relacionado con los muertos: de qué murieron, si los enterradores usan varias veces el mismo féretro, rituales de entierro.

Kazimierz busca empleo como conserje en un colegio porque le parece algo digno para ganarse la vida, inventando historias con un libro del astrónomo Copérnico.

Eugeniusz hace gala de su conocimiento del latín mientras convive con sus amigos. Es eso lo que los une, festejar estar vivos en la peor época de Polonia, haber sobrevivido a bombardeos y enfermedades.

En general, pareciese que en la novela fueron los soviéticos quienes iniciaron la Segunda Guerra Mundial y los nazis quienes liberaron Polonia debido a la descripción tan dura que hace de los primeros y tan benévola de los segundos. El flujo de la novela es muy bueno y ameno con los 4 personajes principales que no pierden la alegría incluso en una ciudad devastada por la guerra. Empero, debo reconocer que me gusta más leer otro tipo de cosas. 

260 páginas publicadas por Editorial Alfaguara.
Debo decir que varias décadas después todo está muy bien en Varsovia ahora. El más "salvaje" de los automovilistas varsovianos se distinguiría por su elegancia comparado con la violencia que hay al volante en la Cd. de México, la gente casi no escupe en la calle, y tienen un alto sentido de la responsabilidad social. "¿Te imaginas lo molesto que es para la persona de a lado que yo haga ruido?" No vi hamacas ni gente en las aceras viendo la TV ni carajos bailando salsa en los parques :P 

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