El patrón, radiografía de un crimen.

La película del director argentino Sebastián Schindel retrata un triste caso de esclavitud laboral. Sucede en todos los países y, creo, en todas las épocas: casi siempre es gente del campo profundo que acude a buscar un mejor futuro a la gran ciudad y en esta algún aprovechado explota la ignorancia del trabajador.

A Hermógenes le tienen que cambiar el nombre por algo más común: Santiago, como su provincia de origen, Santiago del Estero. Le enseñan a hacer trampa para vender carne echada a perder, carne que ya no está fresca, a usar componentes químicos para alterar su composición, etc., y el santiaguino aprende rápido.


Hermógenes no quiere regresar a su terruño, así que pronto se adapta a las pésimas condiciones laborales. Gladys, su esposa, es más contestataria y se rebela contra esa situación tan lamentable. Ya no alcanzan la ternura y el amor que se tienen para ser felices en la pobreza, pues sabe que están siendo parte de una cadena de maldad.

El joven carnicero termina por asesinar al patrón porque se harta de los abusos, de los insultos a Gladys y de ser obligado a hacer cosas que van contra su moral. Estaba destinado a recibir cadena perpetua por su crimen hasta que un buen abogado se interesa en su caso y, luego de conocer los abusos y presión a las que fue sometido, consigue una pena menor para el analfabeta carnicero.

Toca también el tema de la participación de los y las cónyuges en las actividades el hogar. Gladys acepta al inicio la dura vida que le ofrece Hermógenes, pero pone un límite a la situación. La esposa del abogado Di Giovanni, Clara, también protesta ante la mayor carga de actividades del hogar que tiene ella. Es decir, tanto la gente con estudios como la gente analfabeta, tanto las personas pobres como las de clase media no se salvan de estos desequilibrios en el marco de un matrimonio o vida en común. Se necesita mucha comunicación para que una no termine explotando a la otra sicológica o económicamente. Es que es re triste cuando un marido se aprovecha de la esposa para ascender socialmente y luego la bota por alguna más joven.

El final es feliz: los santiaguinos regresan a la patria chica con un par de boletos de autobús comprados por el abogado y su esposa. La escena final muestra a Hermógenes regresando de una jornada laboral en el campo, quizá con menos plata que en Buenos Aires, pero sí más libre y feliz.

Creo que elegí bien. Los conceptos de esta película nos ponen a pensar en cómo ayudar a otros desde nuestros trabajos, cómo esforzarse un poco más para mejorar nuestras profesiones y la vida de quienes pudieran estar en problemas. Filmes como este acarician el alma porque, si bien el tema es duro, nos hacen ver que hay un montón de buena en todos lados luchando contra la adversidad.

Le asigno 4 palomitas de 5 posibles a esta producción argentina-venezolana del 2014. Joaquín Furriel interpreta al santiaguino "Hermógenes", Luis Ziembrowski hace el papel del usurero "Latuada" y "Gladys" es interpretada por Mónica Lairana.

Es excelente la actuación de Joaquín Furriel, quien parece medio cheto (fresa, sifrino) y algo más blanco en la vida verdadera. Lo busqué en la Internet y tiene los ojos verdes. En la caracterización de Hermógenes tiene la piel y los ojos más oscuros. Fue impresionante el acento que logró en el papel: el de un joven tímido y humilde. ¡Qué buen actor es!

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