Mot naturen - Ante la naturaleza

Martin y Sigrid forman un matrimonio con un hijo y tienen una casa hermosa en Tromsø, al norte de Noruega. Sus necesidades materiales están satisfechas, pero la relación marital entre ambos camina por inercia, sin amor. Ello y la monotonía en los empleos de las personas mayores que observa, hace que Martin decida irse el fin de semana a la montaña.

Corriendo por el bosque, Martin platica consigo mismo, analiza su juventud y las condiciones que lo llevaron a casarse, la falta de pasión en su relación con Sigrid, estudia la posibilidad de separarse creyendo que así los tres estarán mejor, ¡en fin!, está al borde de una crisis existencial. Eso somos los humanos: alegrías, tristezas, emociones, decisiones, pero ante todo jamás deberíamos dejar de luchar por ser felices.  

De paso, el filme regala paisajes boscosos, con ríos y montañas que nos recuerdan lo jodidos que estamos en México en términos de protección ambiental. 

Creo que no hay mayor soledad que la de quienes comparten una cama con personas con las que ya no se tiene empatía, se flota en esa especie de prostitución pactada en que se ha tornado en muchísimos casos el decadente convenio matrimonial, se sobrevive con flojera a esa zona pantanosa entre el querer liberarse y el querer evolucionar la relación, pero no logran ni una ni otra opción. Es como un autoengaño en el que suele decirse que todo marcha bien, y sí, materialmente se tiene todo, pero noche a noche crece ese boquete ahí donde alguna vez tuvieron alma. 

El dolor se intensifica y sólo es posible terminarlo cuando se ha vuelto tan grande que ya es imposible resistirlo. Ahí se gesta el cambio. Otras personas no creen en sí mismas, prefieren pisar vidas a través de la victimización que les concede la atención de los demás. El "sufrimiento" que padecen quizá no es tal, donde no se deciden a ponerle fin, pero irremediablemente aplastan conceptos nobles como el del amor. 

En la escena final, parece que Martin sí es capaz de romper esa triste tendencia y decide jugar con su hijo, a diferencia del desdén con que fue tratado de niño por su padre. Así se cambia la historia: con amor.

Ojalá proyectasen más seguido este tipo de películas y no las pendejadas, generalmente de fabricación estadounidense y/o mexicana, con las que han convertido la TV abierta en un gran depósito de cagada. Le asigno unas 4 palomitas de 5 posibles a esta película noruega del 2014 del director Ole Giæver, quien también actuó como Martin. Marte Magnusdotter Solem hace el papel de Sigrid.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Jitomate, gitomate, xitomate?

Guaguarón

Tanatología, la familia ante la enfermedad y la muerte.